menu
search
08 Jul 2020
Correspondencia #8 (español)
Montaje de la 6ª Bienal de San Pablo (1961) ®Athayde de Barros/Fundación Bienal de San Pablo
Montaje de la 6ª Bienal de San Pablo (1961) ®Athayde de Barros/Fundación Bienal de San Pablo

A lo largo del año 2020, a través de cartas como ésta, el cuerpo de curadores de la 34ª Bienal de São Paulo hace públicas las reflexiones sobre la construcción de la muestra. Esta octava carta fue escrita por Jacopo Crivelli Visconti (curador general), Paulo Miyada (curador adjunto) y por los curadores invitados, Carla Zaccagnini, Francesco Stocchi y Ruth Estévez. Traducida al español por Ana Laura Borro.



Comenzamos a escribir nuestra primera carta colectiva hace más de tres meses, pues nos pareció que era el momento de decir algo juntos. La carta comenzaba con la frase: “Incertidumbre es una palabra insuficiente para describir el estado del mundo durante la pandemia de COVID-19”. No sabíamos adonde la pandemia nos llevaría, y todavía no sabemos. En pocas semanas, sin embargo, la incertidumbre se volvió preferible a la certeza de la tragedia que está siendo moldeada por la crisis sanitaria y política en Brasil. Creemos en el rol que el arte puede y debe desempeñar en la sociedad, especialmente en momentos como éste, cuando las experiencias que enfrentamos no tienen nombre y demandan otros lenguajes para que sean procesadas. Pero también somos conscientes de que, en el momento, todos los esfuerzos tienen que estar direccionados al control de la epidemia y de sus consecuencias más extremas.

Se acostumbra pensar una exposición como los meses en que un espacio se abre para el encuentro entre personas y obras de arte, pero, de hecho, los encuentros comienzan mucho antes. Algunos artistas necesitan viajar con antecedencia, visitar el lugar, andar por las calles y conocer personas; productores y otros profesionales necesitan buscar materiales, comparar servicios, contratar proveedores; los carpinteros necesitan construir las paredes y pintarlas; los courriers necesitan viajar con las obras de arte que solo dejan sus colecciones acompañadas; periodistas y críticos necesitan ver con sus propios ojos y hacer preguntas. Hay, todavía, aquellos que abren las cajas, que manosean las obras con guantes blancos, que las instalan, con cuidado, en su debido lugar; aquellos que regulan las luces, instalan y afinan los equipos; aquellos que traducen; los que limpian el espacio; los que pagan las facturas y las diarias de trabajo. Para abrir la 34ª Bienal de São Paulo en octubre, toda esta coreografía tendría que ser puesta en movimiento ahora. Y esto no se puede hacer, es una cuestión de responsabilidad pública. 

Juntándose al esfuerzo global de seguridad y cuidado en relación a las recomendaciones de salud, los funcionarios y colaboradores de la 34ª Bienal (arquitectos, archivistas, artistas, bailarines, curadores, designers, educadores, escritores, fotógrafos, poetas, productores, y muchos otros profesionales) están trabajando remotamente. Continuamos desarrollando los detalles de un evento que creemos ser de extrema importancia, principalmente en este momento, en la medida en que reafirma el arte como esfera pública, con su capacidad inigualable de dar forma a contenidos que son fundamentales para nuestras sociedades. Así fue en el día en que la 34ª Bienal de São Paulo comenzó, en febrero de 2020, con la performance de Neo Muyaga, A Maze in Grace, y la apertura de la exposición de Ximena Garrido-Lecca. Fue un lindo día, un encuentro que las personas parecían estar esperando. El pabellón se llenó de fuerza, deseo, furia y esperanza. En el momento que vivimos, no podemos correr el riesgo de olvidar que, cuando las personas se juntan, las cosas suceden.

La exposición final de la 34ª Bienal ocurrirá en setiembre de 2021, un año después de lo que había sido planeado inicialmente. De ahora en más, lentamente, en ritmos y tonos distintos, continuaremos pensando y construyendo la muestra. Cosas sucederán en el Pabellón Ciccillo Matarazzo y fuera de él, a través de publicaciones, diálogos e investigaciones. Las exposiciones individuales de algunos de los artistas participantes de la muestra serán abiertas en instituciones asociadas de la ciudad. Originalmente pensadas para tener lugar simultáneamente, creando un coro, ahora tejerán una sinfonía hecha también de silencios, que sólo se completará en la memoria de cada uno de nosotros. A Maze in Grace se volvió la primera línea de esta sinfonía, de este poema colectivo que tardará casi dos años en ser concluido. La idea del ensayo, central en la concepción de la 34ª Bienal desde el inicio, permite que la construcción de la muestra sea un momento abierto y público, donde las cosas son presentadas sin la intención de que sean definitivas o cristalizadas. La necesidad de repensar el proyecto como consecuencia de la situación actual es, por lo tanto, coherente con una actitud que ya nos guiaba – una actitud incorporada en la pregunta que nos hicimos de forma constante y recurrente, durante estos meses de trabajo: ¿cuáles son los cantos y las canciones, cuáles son las formas de arte y las formas de estar en el mundo que se hacen posibles y necesarias en tiempos sombríos?

Esa cuestión es central en la concepción de la 34ª Bienal desde su título, Hace oscuro pero canto. El verso de Thiago de Melo nos ha acompañado a través del aparentemente interminable estado de emergencia que vivimos en los últimos años. Resonó con nuevos sentidos bajo la luz fatal de los incendios en la Amazonia, telón de fondo trágico y premonitorio para las manifestaciones que se esparcieron por el mundo contra la persistencia de formas estructurales de racismo y prejuicio, de la desigualdad, de modelos de desarrollo no sustentables y de la destrucción programática del planeta como lo conocemos. El verso parece más apropiado aún, ahora, delante del nuevo coronavirus que hace esa realidad más evidente y extrema. Ahora, más que nunca, no podemos esquivarnos de mirar atentamente hacia adentro de la oscuridad de nuestros tiempos. Inclusive atravesarlos con los ojos bien abiertos quizá no sea suficiente. Queremos transformar esa travesía en una canción – una canción que puede ser solitaria o colectiva, susurrada o gritada. Y no nos dejemos engañar, es necesario coraje y fuerza para cantar ahora, junto y a pesar de un mundo que parece dar tan poco valor a la vida de tantos, que sigue desconsiderando obscenamente el bien común en pro del mantenimiento de privilegios individuales. 

Todavía estamos ensayando nuestras canciones. Nuevos ajustes serán necesarios, nuevas ideas surgirán, serán desarrolladas y modificadas y quizá se transformen en algo que no podría haber sido concebido antes de todo esto. Este puede – debe – ser un momento de aprendizaje. Ante la crisis económica que inevitablemente derivará de la pandemia y que ciertamente impactará el sistema de financiamiento del arte y la cultura, podemos repensar y transformar prácticas y modelos de trabajo que dependen de un gran estipendio de recursos naturales y humanos. Cualquiera sea el tamaño de los desafíos que tengamos por delante, estamos comprometidos en asegurar un espacio para el ejercicio de la libertad, para el desvelo de nuevos significados de lo que se presumía entendido, y para la resistencia a cualquier imperativo que afirme que está prohibido o que es imposible cantar.